Cazadores de Brujas
La fe en en Fuego Eterno surgió a mediados de la Tercera Edad, cuando un hombre llamado Keth Selhan, promulgó que el verdadero dios era el fuego, que lo devoraba todo y lo volvía en cenizas. Nadie le escuchó entonces, pero tres años después Sadrath Selhan, su hijo, mostró evidencias que, según él eran claras: cualquier cosa, con suficiente fuego, acababa sucumbiendo. Los aldeanos si que lo creyeron y empezó una revolución que trajo más desgracias que alegrías. Aquellos que habían quebrantado las leyes humanas, debían ser purificados por el Fuego Eterno. Aquellos que usaban las malas artes, como los hechiceros y hechiceras, alquimistas y herboristas, debían ser calcinados para que renacieran cumpliendo buenas acciones. Los monstruos, dopplers y relictos, también eran criaturas malignas y ya no tenían salvación, por lo que debían arder en la hoguera, pues era lo más piadoso y amable posible hacer tales actos para purgar el mundo de criaturas de la manera más noble.
El auge de está religión, sin embargo, estaba por llegar. En el año 1141, apareció el primer cazador de Brujas, un hombre armado, un caballero, que mataba por el Fuego Eterno. Pronto, muchos otros hombres y mujeres lo siguieron como líder y así se crearon los Cazadores de Brujas, unos humanos tan peligrosos como dementes.

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