Tomavo Expósito

En Citadella, un hombre bien vestido tomaba licor en el fondo de la taberna del Pico Prestado. Sus ojos eran de color de las avellanas, su piel oscura y una barba corta le remataba el rostro. Llevaba un sombrero alto y frecuentemente se acariciaba el bigote. Ayudó a Istred en momentos de necesidad y, por ello, él le pidió que formase parte del equipo. 

Cuando atravesaban los páramos, Tomavo fue mordido por Belione la Vampiresa, que le transfirió su enfermedad. Desde entonces empezó a sufrir jaquecas producidas por su sed de sangre. 

Junto con la Compañía consiguieron llevar a una confidente al rey de Fluvian, avisándole de la inminente invasión desde Malekith. El rey envió a la compañía con su hijo heredero Evalt a combatir en el Vado del Pardo mientras él se libraba de la molesta plaga de orcos que asolaba el país. Sin embargo, todo era un complot de Evalt para hacerse con el poder y la Compañía tuvo que huir de las tierras fluvianas tras liberar a la princesa Elianor de Malekith. 

La Compañía llegó a Malekith, donde conocieron a un hombre llamado Páragul con una fuerza sobrehumana. Los sueños les acechaban de noche, así que decidieron seguirlos hasta su orígen. De esta forma llegaron a una torre. Durante ese período, las jaquecas de Tomavo habían aumentado en frecuencia e incluso había empezado a tener visiones. Pero su sed de sangre se desfermó en aquella torre, cuando se enfrentó a un ser oscuro y peligroso, producido en los orígenes del mundo. 

Aenaluck tuvo una charla con Tomavo y le convenció para que empezase a dar caza a sus compañeros. Juntos, desintegraron a la Compañía, pero cuando ya no fue de utilidad, Aenaluck destruyó a Tomavo, retirándole su sed de sangre y obligándole a ver lo que había hecho. 

Destrozado, Tomavo se retiró. Sin embargo, Makeshi y Derthram le encontraron y le convencieron de que se redimiese. Tomavo aceptó y reunió de nuevo a la Compañía para derrotar a Aenaluck. Juntos, se enfrentaron a él y le destruyeron. 

El precio que hubieron de pagar fue grande, pues Aenaluck había llamado a sus hermanos de armas para que atacasen a la Compañía. Makeshi se quedó atrás y, recordando las palabras que le había dicho el monje a Tomavo tiempo atrás, el ilusionista decidió darle tiempo en su paraíso personal antes de que muriese. 

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