Sir Davente Téremir
Apodado el caballero don nadie, sir Téremir lideraba la defensa del reino de Anárion. Desde temprana edad se había visto inmerso en la guerra, ya que era originario del valle de Anthred. Cuando tenía a penas cinco años, fue obligado a migrar de su tierra a las arenosas tierras del exterior del valle por culpa de la invasión de los orcos. En la huida, su padre y madre cayeron y él fue a parar a manos del rey Ostoher IV, que lo crió como a un hijo.
Sir Téremir creció con un odio latente hacia los orcos, de forma que con a penas dieciséis años, Davente se unió al batallón de guerreros que defendían la frontera de las incursiones de los orcos. Poco a poco, fue labrándose una reputación. Téremir había acabado con más orcos que nadie vivo, lo que le daba a sus 28 años un prestigio que pocos llegaban a alcanzar. Debido a este prestigio y al amor que le profesaba, el rey Ostoher IV le nombró general principal de sus ejércitos, pues su avanzada edad le impedía hacerlo por sí mismo.
Cuando nuestros protagonistas lo conocieron, sir Davente marchaba a afianzar las fronteras del sur, puesto que había llegado a oídos del rey Ostoher IV los conflictos internos que se sucedían en Malekith y la invasión que había tenido lugar por parte del reino de Fluvian.
De entre todos los caballeros de Anárion, Sir Davente fue el único que les creyó cuando Agatha dijo que todo era culpa de una hechicera. Consiguió convencer al rey de que les dejase marchar con él a Therwein a tomar cartas en el asunto de los orcos, para consolidar la paz.
Sin embargo, la traición de los caballeros Anárquicos, lo tomó por sorpresa y no pudo hacer otra cosa que seguir las órdenes del rey para preparar la guerra contra los orcos. Sin embargo, sospechaba de Kathadia, la nueva consejera del monarca no era una simple mercader, por lo que tramó un plan con Agatha para acabar con ella.
A pesar de todos sus esfuerzos, Kathadia consiguió ejecutar su plan y Anárion y los orcos se enfrentaron en la cruenta batalla del Monolito. Movido por la ira, Téremir se enfrentó junto con Tomavo y Brienve a la peligrosa hechicera, pero no era rival para semejante enemiga.
Cuando despertó, la batalla del Monolito había terminado y se encontraba encadenado. El rey había descubierto su complot para asesinar a la consejera y había decidido castigarlo por sus actos. No podía matarlo, puesto que era un héroe de guerra, así que decidió exhiliarlo fuera de las tierras del sur.

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