El elfo

En la oscuridad del sótano derruido del templo atalis de Misteriosa, vivía una sombra. Nadie sabía como se llamaba, ni qué hacía allí. Algunos decían que era el protector del templo. Otros decían que era el espíritu vengador de los monjes atalis que allí habían muerto. Solamente una cosa era clara. Aquel que se adentraba a la isla para recoger el tesoro que los monjes de la espada habían dejado tras de sí, no regresaba. 

Agatha Ruby llegó a conocer a aquella sombra. Era un hombre, alto y esbelto, de cabellos castaños y ojos ámbar. Tal vez en algun momento había sido atractivo pero alguien se había encargado de evitarlo. Lo habían desfigurado para que se pareciese a un elfo, arrancándole la carne de las mejillas y recortándole las orejas para que terminasen en punta. Tan traumatizado había quedado el hombre, que ni siquiera se acordaba de su nombre. Por ello se hacía llamar el elfo. 

Lo que sí que recordaba muy bien era cómo pelear. Su manejo de la espada era tan hábil como el de Makeshi, tal vez incluso superior. Sus técnicas atalis eran dignas de recordar, hábil como pocos en el camino de la espada y con gran conocimiento de lo oculto. Sabía de los artefactos que Bawn estaba recolectando y, de hecho, protegía en Misteriosa una de estas joyas: el gemelo de zafiro. 

Cuando supo de la cruzada de los caballeros anárquicos contra los "dioses", el elfo quiso unírseles, acompañándolos a acabar con el barón Lancaster. 

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