Quimera
"Una. Dos. Tres cabezas. Vale, es una quime..."
~Niverean, víctima de una quimera~
Las quimeras fueron creadas por hechiceros en tiempos antiguos. Dice la leyenda, que Tesiram, un archimago de otra era, poco impresionado con las criaturas que poblaban este mundo, decidió transformarlas en horribles monstruosidades de varias cabezas. Este acto originó las primeras quimeras.Puede que sea cierto, puede que no. El hecho es que estas criaturas, dotadas de una crueldad sin igual, sirven como recordatorio de lo que pasa cuando un mago decide jugar con técnicas que están fuera de su alcance. Un espécimen típico tiene los cuartos traseros de una cabra, las patas anteriores de un león, alas y cola de dragón y cabezas de estas tres criaturas. Suelen preferir sorprender a sus víctimas cayendo en picado desde el cielo y engullendo a sus víctimas en llamas antes de devorarlas.
En combate, estas criaturas combinan los peores aspectos de sus tres partes. Su cabeza de dragón las impulsa a asaltar, saquear y acumular un gran tesoro. Su naturaleza de león las lleva a cazar y matar a poderosas criaturas que entren en su territorio. Su cabeza de cabra las lleva a ser cabezotas y normalmente no cesan sus ataques hasta morir. Estos aspectos llevan a las quimeras a tener cotos de caza de hasta quince kilómetros de largo. Se alimentan principalmente de lo que cazan, viendo a las criaturas más poderosas como rivales a los que humillar y derrotar. Sus más grandes rivales son los dragones, los grifos, las mantícoras, los perytos, los wyvernos y otras quimeras.
Cuando caza, una quimera busca formas sencillas de divertirse. Estos monstruos suelen jugar con sus presas, atacando a sus presas previamente y dejándolas heridas y aterrorizadas antes de volver y acabar con ellas.
A pesar de que distan de ser astutas, su ego de dragón las hacen susceptibles a halagos y regalos. Si se le ofrece comida y tesoros, una quimera puede dejar con vida a un viajero. Se sabe de algunos casos en los que se ha llegado a usar a una quimera como mascota, manteniéndola bien alimentada y con su tesoro bien abastecido.

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