Sir Brida Bell, la doncella de bronce
Como tercera hija de una casa menor, a sir Brida no le quedaba otra que casarse con algún señor y darle hijos, pues ese era su destino en el mundo. O al menos eso decía la sociedad. Sir Brida odiaba la vida en la corte. Le parecía aburrida, sosa y sin ningún ápice de emoción. A ella le gustaba el riesgo, la aventura, el misterio. Si hubiese nacido varón, probablemente sus padres le habrían dicho que fuese a estudiar mágia o la habrían metido a sacerdote. Sin embargo, como era mujer debía casarse. ¡Y una mierda! No pensaba acatar las órdenes de un padre y una madre que no le habían hecho caso en su vida.
Así pues, un día recogió sus cosas y se marchó. Desde pequeña había practicado con sus hermanos el combate con la espada con los mejores espadachines que su padre había logrado conseguir, así que pronto se hizo renombre como mercenaria. La doncella de bronce, la llamaban y ella aceptó el nombre con gran emoción.
Sin embargo, matar por dinero la disgustaba y prefería dedicarse a realizar andanzas como caballera, participar torneos y combatir las injustícias. Esta forma de vida la llevó a que participase en el torneo de Malekith, en el que conoció a los caballeros anárquicos y con los que estableció lazos de amistad.
Unos meses más tarde, ya con el título de sir antes de su nombre, Brida fue llamada por lord Felton para que fuese su representante en la corte de Balmore durante el festejo del cumpleaños de Lilyan, la segunda hija. Sir Brida aceptó por dos razones. La primera, el gran respeto que le tenía a lord Felton. La segunda, que habría un torneo.

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